En la reciente gala de los Premios Goya, celebrada en Barcelona, la película «Tardes de soledad», dirigida por Albert Serra y protagonizada por el torero Andrés Roca Rey, se alzó con el galardón a mejor película documental. Aunque algunos podrían interpretar esta obra como una oda a la tauromaquia, la narrativa detrás de la cinta apunta más bien a un alegato antitaurino. La voz en off durante el trayecto del director al escenario destacó la dualidad de la película: para algunos, es una producción taurina, pero para otros, es un reflejo del sufrimiento y agonía del animal, introduciendo así una sutil crítica al mundo de la tauromaquia.
La intervención de Serra en la gala resultó ser una actuación de aliño, caracterizada por un discurso notablemente breve que evitó abordar de lleno la temática de su filme. Lejos de aprovechar la oportunidad para defender lo que algunos podrían considerar una obra taurina, Serra se limitó a agradecer a su equipo técnico y ofreció una ambigua reflexión sobre el choque entre lo político y lo íntimo. Notablemente, el director evitó mencionar términos relacionados con la tauromaquia y no hizo referencia a Roca Rey, quien aparentemente no asistió al evento. La reacción del público fue positiva, recibiendo a Serra con una ovación de gala a pesar de su evasiva postura, lo que subraya una vez más la controversia y ambivalencia que rodean tanto a la cinta como a su creador.
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