En el Festival de San Sebastián, el cineasta Albert Serra compite por la Concha de Oro con su impactante documental «Tardes de soledad». La película acompaña al torero Andrés Roca Rey en las corridas de toros, mostrando de manera detallada y sin filtros las estocadas, desgarramientos de carne y la sangre. Utilizando un enfoque ultra realista y teleobjetivo, Serra logra una visión cruda y minuciosa de la tauromaquia, acercando al espectador a la brutalidad inherente de estos eventos. Al igual que Georges Franju en «La sangre de las bestias» (1949), Serra opta por una narrativa minimalista que enfoca la lente en los cuerpos de toros y toreros, dejando que las imágenes hablen por sí mismas y permitiendo que cada espectador evalúe su relación con la crueldad expuesta.
Sin embargo, «Tardes de soledad» no se limita a documentar las corridas de toros. La película también capta momentos íntimos de Roca Rey durante los trayectos entre plazas, mostrando un hombre absorto en sus pensamientos y preocupado por su desempeño. Estas escenas de vulnerabilidad ofrecen un contrastante contrapunto a la violencia de la arena, haciendo que el espectador sienta una empatía inesperada. Sin diálogos explicativos ni localizaciones geográficas específicas, la obra de Serra se presenta como un estudio visual que desafía la percepción cultural de la tauromaquia, creando una abstracción sangrienta que es a la vez invitación y repulsa. El resultado es un documental que, con su cercano enfoque y un formidable trabajo de sonido, permite al público experimentar de manera directa el sufrimiento y la barbarie que a menudo se disfrazan de tradición cultural.
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