Alvise Pérez, un autoproclamado denunciante de la corrupción y el latrocinio político, ha sorprendido al público al admitir prácticas que critica en los mismos a quienes persigue. En un vídeo publicado en sus redes sociales, Pérez confesó haber recibido pagos en efectivo sin factura por parte de un estafador de criptomonedas, financiando su campaña política con 100,000 euros no declarados. Enfrentado a una investigación de la Fiscalía del Supremo por financiación ilegal de su partido, Se Acabó la Fiesta (SALF), Pérez justificó sus acciones alegando la necesidad de tener más ahorros y comparándose con autónomos que recurren a prácticas similares para sobrevivir.
Pese a la contundente evidencia en su contra, Pérez ha adoptado una postura desafiante y se presenta como víctima de un sistema corrupto, afirmando que su situación refleja una crisis en el sistema mismo. En vez de asumir culpabilidad, arremete contra Hacienda y el sistema judicial, calificándolos de mafiosos y corruptos. Además, Pérez se burla de aquellos que cumplen sus obligaciones fiscales, insistiendo en que no sacrificará sus principios por conformarse a un sistema que considera opresivo. La incongruencia entre sus actos y sus proclamaciones ha dejado al descubierto las contradicciones de un personaje que alguna vez fue visto como el azote de los corruptos.
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