La crisis laboral en Irán se ha intensificado debido a los efectos colaterales de la guerra, según lo alertado por el viceministro de Cooperación, Trabajo y Bienestar Social, Gholamhossein Mohammadí. Se estima que el conflicto ha generado la pérdida de más de un millón de empleos y ha dejado a dos millones de personas enfrentando el desempleo directo e indirecto. Este deterioro en el mercado laboral ha sido exacerbado por la interrupción prolongada del internet, que ya cumple ocho semanas, afectando los ingresos de millones de ciudadanos. La situación se agrava con los ataques a infraestructuras clave, como instalaciones de petróleo y gas, que han interrumpido las cadenas de producción, impulsando aún más la ola de desempleo.
La economía iraní, que ya lidiaba con estanflación antes del conflicto, enfrenta ahora presiones adicionales debido a la destrucción de infraestructuras y al bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos. La inflación ha aumentado drásticamente de un 38,9% a un 71,8%. Esto ha impactado el comercio exterior de Irán, principalmente por vía marítima a través de puertos en el golfo Pérsico y el mar de Omán. En este incierto panorama, los iraníes han reducido su gasto en bienes no esenciales, enfocándose en productos básicos, especialmente alimentos, a medida que el conflicto se prolonga y sus efectos económicos se profundizan.
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