Israel y Líbano, dos países sin relaciones diplomáticas, están protagonizando una reunión histórica en Estados Unidos, sin embargo, el escepticismo acerca del éxito de las mismas predomina entre los observadores. En Washington, los embajadores Yechiel Leiter de Israel y Nada Hamadeh Moawad de Líbano, se encontrarán bajo la mediación del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para abordar temas críticos como el desarme de Hezbolá y la posibilidad de un acuerdo de paz. Este evento marca la primera ocasión en la que ambos países mantienen un diálogo directo sobre estas cuestiones desde las fallidas negociaciones de los años 80, vetadas en su momento por Siria. Líbano busca un alto el fuego para facilitar el diálogo, mientras que Israel, respaldado por el expresidente Donald Trump, opta por continuar operaciones militares, complicando el panorama.
Por su parte, la administración de Líbano, que enfrenta un delicado equilibrio interno, teme que las hostilidades dificulten el avance de las negociaciones. Naim Qassem, líder de Hezbolá, critica al gobierno libanés por, según él, sucumbir a presiones externas de Israel y Estados Unidos, debilitando su postura interna. Israel, con el objetivo declarado de «desmontar a Hezbolá» y alcanzar un «acuerdo de paz real», mantiene un enfoque beligerante, insistiendo en que las conversaciones procedan en medio de la tensión en el sur de Líbano. Este desarrollo recuerda a los acuerdos de normalización de 2020 entre Israel y varios países árabes, reflejando las complejidades de una diplomacia cargada de historia y desconfianza.
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