
El Ministerio de Cultura ha decidido sancionar con una suspensión de tres años y un mes a un trabajador del Instituto de Patrimonio Cultural que alertó sobre los daños irreversibles sufridos por 12.000 piezas tras una intervención arquitectónica. Según fuentes cercanas al caso, el empleado había reportado que la obra no solo comprometería la integridad de las piezas, sino que también implicaría un incumplimiento de las normativas de conservación vigentes. La decisión del ministerio ha generado polémica en el ámbito cultural y entre organizaciones dedicadas a la defensa del patrimonio, que califican la medida como una represalia por exponer negligencias potencialmente perjudiciales para el patrimonio cultural.
El trabajador sancionado ha recibido el apoyo de colegas y asociaciones del sector, quienes han solicitado una revisión imparcial del caso. Consideran que la divulgación de tales irregularidades debe ser protegida y valorada como una acción en beneficio del interés público. Por su parte, el ministerio argumenta que la suspensión obedece a un incumplimiento de protocolos internos y no a las denuncias en sí mismas. No obstante, este conflicto ha reavivado el debate sobre la transparencia y la gestión de incidentes en instituciones culturales, poniendo sobre la mesa la necesidad de crear mecanismos que protejan tanto el patrimonio como a los denunciantes que buscan salvaguardarlo.
Leer noticia completa en El Mundo.
