

El café continúa siendo una de las bebidas más consumidas en todo el mundo, no solo por sus propiedades gustativas, sino principalmente por su efecto energizante y su capacidad para mejorar la concentración mental. Sin embargo, la ciencia y las recomendaciones de especialistas en nutrición apuntan a que no todos los momentos del día son iguales para disfrutar de una taza de café y que el momento en que se ingiere puede influir notablemente en sus beneficios y en el impacto sobre nuestro organismo.
Diversos estudios sugieren que el consumo de café, y en particular de cafeína, es más efectivo cuando se hace en horarios específicos. La mayoría de los expertos coinciden en que la media mañana es el momento óptimo, ya que es cuando los niveles de cortisol —la hormona vinculada a la activación matutina— comienzan a disminuir, permitiendo que la cafeína tenga un efecto más profundo en el aumento de energía y concentración. “La cafeína bloquea la adenosina, un neurotransmisor que induce sensación de cansancio. En ese punto del día, el cerebro responde mejor a estos estímulos”, explica Amy Davis, dietista registrada en Nueva Orleans.
Por el contrario, consumir café justo al despertar, cuando los niveles de cortisol aún están elevados, puede reducir la eficacia de la cafeína y disminuir su efecto estimulante. Además, tomar el café muy temprano puede afectar la calidad del sueño si se hace cercano a la hora de acostarse, ya que la cafeína tarda entre 30 minutos y dos horas en distribuirse en el cerebro y puede mantenerlo en un estado de hiperactividad, perturbando los ciclos de descanso.
Un reciente estudio realizado por la Universidad de Montreal profundiza en este aspecto. Los investigadores analizaron cómo una dosis de 200 miligramos de cafeína —aproximadamente dos tazas— antes de dormir altera la actividad cerebral y la calidad del sueño. Los resultados mostraron que la cafeína aumenta la complejidad de las señales neuronales durante el sueño, lo que puede reducir la recuperación cognitiva y afectar el rendimiento en tareas al día siguiente. Esto refuerza la importancia de evitar el consumo de café en horas cercanas a la noche.
No obstante, el acto de preparar y beber café al despertar tiene también un fuerte componente psicológico. Muchas personas sienten que esa primera taza de la mañana es un ritual que las ayuda a comenzar el día con energía, incluso antes de que la cafeína tenga efecto fisiológico. Este efecto placebo puede potenciar esa sensación, haciendo que la percepción de estar más despiertos y alertas sea casi automática.
Para aprovechar al máximo el beneficio energizante, los especialistas recomiendan esperar entre sesenta y noventa minutos tras despertarse antes de tomar la primera taza. En ese período, los niveles de cortisol alcanzan su pico y empiezan a descender, lo que permite que la cafeína bloquee mejor la adenosina y active neurotransmisores como dopamina y adrenalina, responsables en parte de la sensación de euforia y alerta.
Otra estrategia importante es acompañar el café con un desayuno equilibrado, rico en proteínas, fibra y grasas saludables, que ayuda a estabilizar el azúcar en sangre y prolongar la sensación de energía durante todo el día. Prescindir de edulcorantes en las preparaciones también es recomendable, ya que pueden generar picos y caídas bruscas en los niveles de energía, contrarrestando sus efectos beneficiosos.
Por último, algunos avances recientes sugieren experimentar con cafés enriquecidos, como aquellos que contienen hongos funcionales, por ejemplo, melena de león, que se vinculan a mejoras en la función cognitiva y en el rendimiento físico y mental. Sin embargo, siempre es importante recordar que, aunque la cafeína puede ser una aliada en la rutina diaria, su consumo excesivo o en horarios inapropiados puede afectar seriamente nuestro descanso y la eficacia de su acción estimulante.
En definitiva, el café puede convertirse en una poderosa herramienta para potenciar nuestra energía y rendimiento, siempre que se tenga en cuenta el momento adecuado y los hábitos complementarios. Planificar su ingesta, acompañarlo de una alimentación saludable y evitar su consumo en horas cercanas al sueño son claves para maximizar sus beneficios y mantener el equilibrio en la vida cotidiana.
